QUE CREEMOS

“Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo re-veló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos” (Mt. 16:17).

LA INDISPENSABLE REVELACIÓN DIVINA


La categoría de la Biblia nunca podrá ser comparada con ningún otro libro, no importa qué tan po-pular o famoso pudiera ser este último. La razón que me asiste para decir esto, es que solamente de la Biblia se puede decir (y decirse con las pruebas correspondientes), que “no fue traída por vo-luntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo” (2 P. 1:21). Siendo por tanto la Biblia, “EL LIBRO DE DIOS”, es imposible que los múltiples misterios de que en sus páginas se nos habla puedan ser entendidos o interpretados solamente con una intelectualidad netamente humana. (1 Co. 2:14)

No ha existido, ni existe humano (fuera de Aquel Hombre, JESÚS de Nazareth), que pueda reclamar (y decir verdad) que ha entendido todos los misterios que se encuentran en la Palabra de Dios, el mismo apóstol Pablo, habiendo sido llamado por el Señor para desempeñar un ministerio muy único, un ministerio que se ha agigantado a través de todos los siglos de la edad de la Iglesia, exclama con un profundo y reverente reconocimiento “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría de Dios! ¡Cuán incomprensibles son Sus juicios e inescrutables Sus caminos!” (Ro. 11:33)

Dios mismo nos advierte en Su Palabra que: “las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros” (Dt. 29:29). Y agrega también diciendo que: “el secreto del Señor es para los que le temen, y a ellos hará conocer su alianza” (Sal. 25:14). Declaramos pues, que en el Libro de Dios, hay muchos misterios, pero también declaramos que muchos de estos misterios ya no lo son para aquellos a quienes Dios ha querido revelarlos. Pues Él mismo afirma esto cuando exclama: “¡Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado a los niños¡” (Mt. 11:25). En esta exclamación el Señor confirma dos verdades de suprema importancia: (1) Para entender los misterios de Dios que encontramos en la Biblia, la revelación Divina es indispensable. (2) Esta revelación no se adquiere como todos los demás conocimientos humanos, con la capacidad intelectual únicamente, mas con la humildad de un niño, sin arrogancia, donde toda la honra pertenece solamente a Dios.

El Texto que encabeza este escrito es un ejemplo muy propio de lo dicho. Cuando el Señor Jesús hizo la pregunta: ¿”Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre”?, el inculto pero intrépido Pedro respondió: “Tú eres el Cristo el Hijos del Dios Viviente”. Y así, con esta respuesta el apóstol describió a Aquel personaje místico quien en ese entonces se conocía como Jesús de Nazareth. Mas esta respuesta es precisamente una de las muchas porciones bíblicas en las que, cuando se leen superficialmente, y sin revelación Divina correspondiente, no podrá nunca el lector mirar su profundidad, ni mucho menos entender el misterio que allí se encontrare escondido.

GRANDE ES EL MISTERIO DE LA PIEDAD

Hasta hoy, después de casi veinte siglos la grande mayoría del cristianismo, leyendo la respuesta de Pedro sin tener la revelación Divina correspondiente, acepta en ella la interpretación completa para describir la Divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Multitudes de confesantes cristianos, sin ver su profundidad, aceptan la aparentemente sencilla respuesta del apóstol como la solución definitiva del Misterio Supremo. Mas la respuesta no es tan sencilla como a la simple vista parece, pues tras ella está escondido el misterio mas grande en la Biblia.

Este misterio hoy, después de cerca de dos mil años, sigue siéndolo para multitudes de profesantes cristianos. Mas la realidad innegable es que desde los meros principios del cristianismo, tanto en Pedro como a todos sus demás compañeros en el apostolado, y en lo general a todos los miembros de la Iglesia primitiva, les fue revelado en su plenitud el tremendo misterio de que el mismo Dios, en Su cuerpo visible de gloria (Col. 1:15, He. 1:3) “ha sido manifestado en carne”

(1 Ti. 3:16). Pues la maravillosa verdad es que el Señor Jesús no es solamente “el Hijo” (o “la Segunda Persona de la Santísima Trinidad”), como cree hasta hoy la grande mayoría del cristia-nismo. El Libro de los Hechos de los Apóstoles, las epístolas apostólicas, y el mismo libro del Apocalipsis, nos da razón que los cristianos de la iglesia primitiva entendieron que el Señor Jesús es “Emmanuel… Dios con nosotros” (Mt. 1:23). Entendie-ron que Aquel “niño (que) nos es nacido”, no es solamente el “ Hijo (que) nos es dado”. Sino el mismo “Padre Eterno” (Isaías 9:6).

OTROS MISTERIOS MAYORES EN LA BIBLIA

Pedro mismo, a su debido tiempo fue inspirado por el Espíritu Santo para referirse al Señor Jesús no solamente como “El Cristo, El Hijo del Dios Viviente” mas aun como “nuestro Dios y Salvador Jesucristo” (2 P. 1:1). Tomás postrado, reconociéndole y adorándole, le dijo: !”Señor mio y Dios mio”! (Juan 20:28). Pablo se refiere a nuestro señor Jesucristo diciendo: “Y sin contradicción grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne” (1 Ti. 3:16). Y él mismo, en su carta a Tito, se refiere al Señor como el “Gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tito 2:13). Y Juan dice “Y estamos en el verdadero, en Su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna” (1 Juan 5:20)

El misterio de LA DIVINIDAD es el más “grande”, maravilloso y supremo entre todos los misterios bíblicos, Sobre el pudiéremos escribir llenando hoja tras hoja, y no alcanzaríamos nunca su profundidad. En esta ocasión he descrito ya en breve algunos razonamientos al respecto, pero a la vez lo estoy usando como un poderoso ejemplo para probar el hecho antes enfatizado de que para entender “los misterios del reino de los cielos” (Mat. 13:11), tiene invariablemente que haber un grado de revelación de parte de “el Padre”(el Espíritu Eterno).

Pues la innegable realidad es que todo lo que tuviéremos de conocer y entender de parte de “nuestro Dios y SalvadorJesucristo”, de Sus verdades y Su voluntad, tiene que venirnos por revelación Divina. Continúo, pues, enumerando otros de los misterios mayores de los que se nos habla en la Palabra de Dios. Y digo “mayores”, porque los misterios bíblicos varían en prominencia. De los mayores depende la salvación misma del presunto creyente en el Señor JESÚS, y el ignorarlos o no entender su verdadero significado puede aca-rrearle a éste, daño espiritual y aun juicio. En cambio hay otros muchos que pueden ser aun muy interesantes, pero que el ignorarlos o no entenderlos no afecta la vida espiritual del creyente.

EL MISTERIO DE ISRAEL

En “este misterio” (Ro. 11:25) está escondida una verdad vitalicia como lo es la relación que existe entre Israel, el Pueblo Judío, y la Iglesia cristiana entre nosotros los gentiles. Gran segmento del cristianismo hasta hoy niega o ignora esta tremenda verdad, mas nuestro Señor Jesucristo mismo declara que nuestra “salvación viene de los Judíos” (Juan 4:22). Este misterio es el ejemplo perfecto para comprobar lo antes dicho, pues muy específicamente está dicho que el “ignorarlo” produce “arrogancia” en la vida de los cristianos, y esto les daña. Pues todo conocedor de la Palabra de Dios sabe que la arrogancia, que es gemela de la “soberbia” (Mal 4:1), trae juicio de condenación a cualquiera que tuviere de vivir poseído por ella, y no se arrepiente.

LA HUMANIDAD DEL SEÑOR:

De este MISTERIO es muy muy poco lo que se entiende o se habla entre el cristianismo. Pues el niño Jesús, quien fue concebido por la operación divina del Espíritu Santo, se da por hecho que fue originado en el óvulo producido por los ovarios de la virgen María. Tal cosa nunca pudiera ser posible, porque en semejante caso el cuerpo humano del Señor Jesús hubiera sido mitad divino y mitad pecador, necesitando Él mismo de la salvación de Dios, y a nosotros nunca nos hubiera podido salvar. Mas la célula originadora de Su humanidad (con las 46 respectivas cromosomas originadoras de todo ser humano) no vino como todos nosotros, de la simiente contaminada de pecado de nuestros primeros padres, Adán y Eva, sino directamente de parte del Espíritu Eterno, el Padre. Pues esta dicho: “Porque tal pontífice nos convenía, santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y hecho más su-blime que los cielos” (He. 7:26).

EL MISTERIO DE LA IGLESIA (Ef. 3:5-10)

Ya por muchos siglos, mayormente durante los últimos 16 de la apostasía, la grande mayoría entre el cristianismo tiene establecido en su mente la idea hasta hoy común de que la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo consiste en cierta o cual denominación u organización religiosa. El misterio para ellos continúa, pues tal interpretación es completamente errónea. La Iglesia del Señor Jesús no es un sistema político, sino un cuerpo cuyos miembros estamos unidos por el Espíritu y el amor de Dios. La Iglesia es Una, y su Dueño es el Señor (Mt. 16:18), y Él es el “Pastor y Obispo de nuestras almas” (1 Pe. 2:25). La Iglesia es el conjunto total de “el pueblo de los santos del Altísimo” (Dn. 7:27), integrado por el Israel fiel y el cristianismo fiel. El principio de la Iglesia no fue en aquel histórico día del Pentecostés, como comúnmente se cree y se enseña, sino desde el principio del Tiempo mismo.

ORIGEN DE LOS HIJOS DE DIOS (He. 2:14):

La idea universal prevaleciente sobre este tema entre nuestro ambiente evangélico-pentecostal (las organizaciones “del Nombre” incluidas) es que el creyente comienza a ser hijo de Dios hasta que se bautiza, y se hace oficialmente miembro de algún grupo religioso. La realidad es que los hijos de Dios venimos aquí a “participar de carne y sangre” , de acuerdo con el texto citado y otros muchos más, habiendo sido engendrados antes por primera vez en “el principio” (Juan 1:1), “desde la fundación del mundo” (Mt. 25:34), juntamente con “el primogénito entre muchos hermanos” (Ro. 8:29). Y estando aquí en humanidad, contaminados con “las inmundicias de la carne” que no podemos evadir (1 P. 3:21), hemos tenido necesidad de “nacer otra vez…de agua y del Espíritu” (Juan 3:3-5), para ser restaurados y ser así nuevamente “participantes de la naturaleza divina” (2 P. 1:4), por la “Palabra de Dios” (Juan 10:35).

EL GOBIERNO EN LA IGLESIA (Mt. 20:25-28):

De esto podemos decir lo mismo que de la misma Iglesia. Pues el cristianismo ya por muchos siglos ha aceptado como de origen divino el sistema de gobierno humano que opera en forma de una pirámide, con todos los aspectos políticos correspondientes inclu-yendo astucias, ventajas, intrigas, etc… En este sistema de gobierno, prohibido por el Señor, el pueblo está abajo, y en la parte de arriba de la piramide estan los “grandes” reconocidos popularmente hasta hoy como “autoridades eclesiásticas”. Y éstos, “se enseñorean sobre ellos… y ejercen sobre ellos potestad”, contrariando así lo que enseñaron los apóstoles (1P. 5:1-3 y Hch. 20:28-30).La Iglesia del Señor no esta desorganizada. Tiene un sistema de gobierno superior, y este es el gobierno Teocrático. Mediante este gobierno Dios verdaderamente preside, dirige, ordena y controla a Su pueblo, pues está presente para hacerlo (Mt. 28:20).

RESURECCIÓN DE LOS MUERTOS (1 Co. 1:51):

Comúnmente se enseña que en la resurrección, los creyentes se levantan en cuerpos espirituales y se van para el cielo. (Y ésto aplica más particularmente en el caso de la popular pero ficticia teoría del rapto misterioso.) La interpretación popular mencionada, ignora el molde de la re-surrección del Señor Jesús, quien primeramente levantó Su cuerpo humano corruptible transformándolo en un cuerpo incorruptible. En ese cuerpo testificó por cuarenta días a sus discípulos (Lc. 24:36-43), confirmándolos de Su poder sobre la muerte. Después de usar así Su cuerpo humano resucitado en incorrupción, volvió por Su parte nuevamente a Su estado original, o sea a Su cuerpo espiritual de gloria (Juan 17:5) en el cual lo habían visto antes Isaías (6:1) y Daniel (7:9), y a Su debido tiempo también Pedro, Juan y Santiago (Mt 17:1-2), en el monte de la transfiguración, Su ejemplo es nuestro molde y esperanza (1 Juan 3:2-3).

EL MISTERIO DE INIQUIDAD (2 Ts. 2:3):

Tratando de interpretar este misterio sin la revelación correcta se ha fomentado, más particularmente durante el último siglo, una escuela de interpretación bíblica, conocida como “El Futurismo”. Ésta enseña que: (1) Los creyentes se desaparecen en un Rapto Misterioso. (2) Hay más de una Venida del Señor. (3) Una semana de Tribulación de 7 años literales. (4) La Iglesia no pasa por ninguna tribulación. (5) Los que no se fueron en el Rapto son salvos por su propia sangre. (6) Las bodas en el cielo durante el mismo tiempo. (7) El anticristo es un hombre misterioso que aparece al final del tiempo. (8) A la mitad de la semana este hombre se convierte en “la Bestia”. (9) La bestia marca literalmente con el número 666 a la humanidad entera. (10) Engañando a los Judíos, y ayudado por los Gentiles, el anticristo edifica el Templo en Jerusalem y “se asienta en él como Dios, haciéndose parecer Dios”. La verdad en la palabra de Dios es que: (1) No existe el rapto. (2) Sólo hay una Venida. (3) Ya existe tal semana literal de tribulación. (4) La Iglesia ha sufrido siempre tribulación. (5) Sólo la sangre de Cristo puede salvar. (6) No existen tales bodas en el cielo por ese tiempo. (7) El anticristo es el mismo Satanás, “el dios de este siglo”. (8) Las bestias pasadas fueron imperios. La actual civilización es la bestia presente. (9) La marca 666 es espiritual, en la mente. (10) El templo violado es el pueblo de Dios engañado por Satanás el anticristo. Con las interpretaciones ficticias señaladas anteriormente y más, han sido aprisionadas hoy las mentes de multitudes de profesantes cristianos. Y esta regla incluye no solamente los misterios más grandes y profundos, mas también los de menor prominencia. Inclusive aplica a aquellas cosas que al cristiano fiel, en su diario caminar, le parecieren como las más comunes y sencillas. Pues a esto precisamente se refiere el Señor cuando nos dice: “Porque sin Mí, nada podéis hacer” (Juan 15:5).

EL TRIBUNAL DE CRISTO (2 Co. 5:10):

Regularmente se enseña que todos los creyentes en el Señor tendremos que aparecer al final ante este tribunal, como literalmente se lee. Mas el mismo apóstol Pablo nos dice que: “ninguna condenación hay par los que están en Cristo Jesús (Ro. 8:1). Por tanto estos últimos no tienen nunguna necesidad ya de aparecer ante un tribunal futuro. La razón de ello es que los cristianos fieles que en verdad, estuvieron de acuerdo en obedecer aquí las leyes del tribunal entendiendo que, el que entonces será el Juez allá, hoy en este vida es nuestro Abogado. Arreglados aquí, ya no hay cuenta pendiente allá.

ALGUNOS OTROS MISTERIOS EN EL APOCALIPSIS

(Capítulos 2 y3) Los mensajes a las iglesias, más que dispensaciones, son niveles espirituales entre el presente cristianismo. (Cap. 7) La multitud que nadie podía contar son el total del pueblo fiel de Dios (en Israel y la Iglesia), ya victoriosos. (Cap. 11) Los dos testigos no son dos personajes individuales que operan en la inventada última semana literal, sino símbolos de los dos pueblos (Israel fiel y la Iglesia fiel), que han testificado ante la humanidad entera que: nuestro Dios UNO es, durante el curso de los siglos. (Cap. 12) La mujer vestida de sol no es María. Es la raza Judía cuyo dolor de parto tuvo su cumplimiento en el Holocausto que produjo el nacimiento del moderno Estado de Israel, que para estas fechas (octubre 1997) está por cumplir los 50 años simbólicos del Jubileo. (Cap. 17) La mujer vestida de púrpura es simbólica del cristianismo apóstata de los siglos, que incluye hasta hoy tanto a la MADRE como a todas sus hijas que llevan su semejanza tanto en su estructura política, como en sus doctrinas (Cap. 18) “La grande Babilonia” no es solamente una ciudad como comúnmente se interpreta. Pues no existe una ciudad en lo parti-cular que puede ejercer un control universal como esta ciudad simbólica. La grande Babilonia representa las civilizaciones que han existido durante los siglos del tiempo de los Gentiles, el tiempo de la Iglesia, particularmente la presente que es la civilización que pronto está ya por caer. (Cap. 21) La Jerusalem celestial no es una ciudad física de oro y piedras finas de materia corruptible. Es una Ciudad espiritual, “la Esposa mujer del Cordero”, el pueblo de los Santos del Altísimo, el Templo de Dios Vivo, fundada sobre “la principal Piedra del ángulo, Jesucristo mismo, y edificada con las demás “piedras vivas”, desde los apóstoles, hacia atrás (He. 11:39-40), y hasta nosotros.

INFORMACIÓN PARA “LOS ENTENDIDOS” (Dn. 12:10)

Sabe el Señor que no es mi intención ofender a nadie con lo escrito, mucho menos el enjuiciar o condenar a quienes creyeren en forma diferente a lo explicado. Pues he llegado a un tiempo en mi vida en el que reconozco que nuestro Dios, en su soberana voluntad, da de Su revelación en diferentes grados. Y el que recibe más no es porque sea mejor que el que recibe menos, y el que recibe menos no es porque fuere peor. Porque Dios (y este es también otro misterio), ciertamente no hace acepción de personas en el juicio, pero si hace acepción de personas en lo que toca a la vocación y llamamiento, púes “del que quiere tiene misericordia, y al quiere endurece” (Rom. 9: 11-21).

Basados en esta tremenda declaración hecha por Dios mismo, es importantísimo el reconocer que en lo referente a las revelaciones de misterios Divinos, es Dios quien las da, a quien Él quiere. Es pues imperativo entender que Dios hace esto no solamente para que el recipiente se goce en conocerlos, mas aun para que éstos hagan un efecto positivo en su vida, y así los comparta en forma efectiva. Digo esto porque me consta ya por una vida que son muchos los que hablan y predican las verdades de Dios pero que sus dichos no concuerdan con sus hechos porque, “no hacen justicias, ni aman a sus hermanos” (1 Juan 3:10). Entre el mismo ambiente del pueblo de “EL NOMBRE” (que es el mío propio), me consta que son miles (y esto lo digo a una escala mundial) quienes cometen, consciente o inconscientemente los pecados citados. Usan la sublime revelación de la Unicidad de Dios, del bautismo en el Todopoderoso “Nombre que es sobre todo nombre” JESUCRISTO EL SEÑOR, y la recepción del maravilloso don del Espíritu Santo con la respectiva evidencia de las nuevas lenguas, para gloriarse en sí mismos, para enjuiciar y aun condenar sin misericordia a quienes no han sido participantes de los mismos, y mayormente si estos no fueren miembros de su respectiva denominación, grupo u organización religiosa.

Creo que puedo decir sin temor a equivocarme, basado en la Palabra de Dios, que todas las revelaciones, juntamente con todo lo demás que hubiéremos recibido departe del Señor, para nada nos vale si en nosotros no estuviere la “caridad” (que es el mismo Señor Jesús) (1 Co. 13:1-8) el “primer amor” (Ap. 2:2-5), “la sabiduría que es de lo Alto” (Stg. 3:17), y “este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (1 Co. 2:16). “ Y la escritura no puede ser quebrantada” (Juan 10:35).

Lo aquí escrito es solamente una breve introducción de cada uno de los temas referidos, un “aperitivo” espiritual para provocar en los hijos de Dios, el hambre y deseo de “comer” las Palabras del Señor que “son Espíritu y son vida. Mi Dios por misericordia ha querido darme luz en Su Palabra para poder entender tanto los misterio referidos como otras maravillosas verdades más. Sobre todo ello he escrito y hablado en forma intensa y extensa por todos mis años, y asistido por los muchos hijos en la feque el Señor me ha dado, sigo ofreciendo esta ministración a todos los que abren su corazón para recibirla.

~Pastor Efraím Valverde Sr.~